¿Por qué ir a Marte nos obsesiona?
¿Un pícnic en Marte es posible?
A todos los que nos apasionan los viajes espaciales, la astronomía y desarrollo tecnológico, nos encanta imaginar el día en que por fin podamos comprar un boleto en cualquier estación e ir a Marte, una escapadita de fin de semana, ¿A quién no le gustaría?
Aunque no necesariamente tienen que gustarte todos estos temas, igualmente hay que ir pensando en mudarnos masivamente, este planeta nos pide piedad hace ya algún tiempo y andamos distraídos.
Los antiguos Egipcios ya habían comenzado a seguirle la pista al planeta rojo, pero no fue entonces hasta Galileo Galilei allá por 1610 que se observara directamente con un telescopio.
Un siglo después, los astrónomos descubrieron distintas características del planeta, incluyendo el punto negro de Syrtis Major (mancha oscura característica de Marte) y las capas polares. Fueron capaces de determinar el período de rotación del planeta y su inclinación axial.
El italiano Giovanni Cassini fue casi con seguridad el primero en mencionar la capa polar sur de Marte, en 1666. En ese mismo año, determinó un período de rotación de 24 horas 40 minutos. (sólo 3 minutos de diferencia con los cálculos actuales).. ¿No andaba tan mal he?
Tiempo después astrónomos estadounidenses lograr medir la irradiación térmica del planeta y pudieron establecer que la temperatura variaba desde - 68 °C en el polo hasta 7 °C en el ecuador.
Dejemos en claro que estos son algunos de los primeros datos obtenidos sobre Marte, por obviedad hoy en día contamos con lecturas en tiempo real del planeta, siendo constantemente monitorizado.
Bueno: Marte es rocoso (✔), En Marte hay agua congelada (✔), Marte tiene temperaturas "manejables" (✔), Marte tiene una gravedad "manejable" (✔).
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| Ilustración: NASA |
Entonces si no hay tanta diferencia, es cuestión de arrancar... ¿O no?
Está claro que con los datos mencionados anteriormente, ninguna persona que esté en sus cabales, emprendería un viaje hacia Marte así como así. Aún necesitaría mucha más información para sortear la infinidad de obstáculos que significa tan sólo ir. Sin mencionar la tecnología o recursos necesarios para hacerlo.
Es una cuestión de salud.
¿Prevención y blindaje son la solución?
También podrían implementarse tratamientos preventivos que ofrecerían alguna "esperanza" y, ni lentos ni perezosos, ya se está trabajando en compuestos farmacológicas que eliminan los Radicales Libres (Antioxidantes) y que protegen la neurotransmisión.
La experiencia de viajar hasta Marte, es para el humano actualmente todo un desafío desde el punto de vista médico o biológico, tal vez ya no tanto de recursos. La aventura estará plagada de peligros, entre ellos los que supone estar sometido a las altísimas dosis de radiación de partículas provenientes del espacio durante el trayecto. Se estima que los tripulantes estarán expuestos a una radiación que equivaldría a realizarse 33.000 radiografías... todo esto sin bajar de la nave a estirar las piernas... Si eso es un montón de radiación, y no, no te va a dar superpoderes.
Recientemente nuevas investigaciones han descubierto que esta radiación sería extremadamente dañina para nuestro cerebro, y los tripulantes casi con seguridad desarrollarían demencia crónica, depresión, ansiedad, falta de rendimiento, y una importante degradación del tejido que compone el cerebro, afectando drásticamente sus funciones cognitivas.. Y por si fuera poco, el daño podría causar que ni siquiera recordaran el viaje...
Si bien los trastornos similares a la demencia en los astronautas tardan meses en manifestarse, el tiempo necesario para una misión a Marte es más que suficiente para su desarrollo. Las personas que trabajan durante largos períodos en la Estación Espacial Internacional (ISS), sin embargo, no se enfrentan al mismo nivel de "bombardeo" de rayos o partículas cósmicas porque todavía están en la magnetosfera que protege la Tierra. Igualmente sufren la exposición a dosis que a su regreso conllevan un exhaustivo control y tratamientos para normalizar los niveles adquiridos allá afuera.
Existen algunas soluciones parciales, que ayudarían a mitigar la situación, una de ellas es que la nave podría diseñarse incluyendo áreas de blindaje extra, podrían ser las utilizadas para el descanso. Sin embargo, estas partículas cargadas de alta energía atravesarán la nave como si nada, realmente no las detendría como tal, por lo menos a la mayoría.
La Luna como base de entrenamiento.
El objetivo programado para 2033 aproximadamente, requiere el trabajo conjunto de la NASA y agencias espaciales privadas como SpaceX de Elon Musk. Se trataría de estadías más o menos prolongadas que revelarían información importante de cara al viaje a Marte.
Para ese paso se trabaja en el diseño de un sistema de naves de carga y de pasajeros, las llamadas BFR, unos monstruos de 50 m. de largo con la capacidad de transportar unas 100 personas y reutilizables como si fueran aviones comerciales.
El reto de la autogestión.
Pero un viaje tan largo, está minado de problemas, un pequeño detalle son las provisiones. No se puede empaquetar todo lo necesario y esperar a llegar (harán falta 3.000 Kg. de comida por persona) (más peso = más combustible), por lo que los astronautas tendrían que desarrollar sus propios sistemas de cultivo, con la precaución de que no produzcan demasiado oxígeno o acaben contaminados.
Los exploradores espaciales también deberán ser autónomos al extremo, porque una cosa es estar en la Estación Espacial Internacional (ISS) y tardar dos o tres horas en volver a la Tierra si hay un problema, y otra cosa muy diferente es estar en el planeta rojo donde se tardarían meses quizá años.
Bien, imaginemos que logramos sortear todos estos obstáculos previos o de camino.
¿Dónde vivirán los colonizadores?
Con la aparición de la impresión 3D con materiales casi a elección, surge la idea de “imprimir” estructuras parecidas a los iglús que actúen de primera barrera contra la lluvia de rayos cósmicos que representa la casi inexistente atmósfera marciana. Esto ya se ha planteado para llevarse a cabo aquí o una vez lleguen las primeras misiones no tripuladas.
Otra posible solución es la producción de cápsulas o hábitats modulares, que una vez ensamblados, actúen como todo un ecosistema hermético y auto sustentable. Cualquiera de las opciones que circulan con más o menos aceptación por parte de la comunidad científica, requerirá misiones no tripuladas por seres humanos, quizá robots, que preparen todo para nuestro arribo.
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| Ilustración: NASA |
Conflictos sociales, conflictos internos.
Una de las cosas con la que tendrán que luchar estos aventureros, será ni más ni menos con los conflictos sociales e internos provocados por la aislación y el estricto régimen diario a los que tendrán que adaptarse. Para esto se ha llevado a cabo un experimento que simula las condiciones marcianas y de convivencia, en este experimento unos 6 investigadores permanecieron aislados por 8 meses con escaso espacio y alimentándose con comida deshidratada, para comprender los efectos psicológicos a largo plazo.
Los métodos o tecnologías que se utilicen para “hacer realidad” esta aventura en un período de tiempo razonable, quedará para la próxima, es un tema más que interesante para desarrollar en otra entrada.
La idea de colonizar marte, por lo menos poner un pie en el, no es en absoluto disparatada, sólo falta tiempo, investigación, y por supuesto mucho pero mucho dinero. Podría entenderse como algo que debe pasar, está en el plan re ruta del ser humano, dudo mucho que nos limitemos a verlo de lejos mientras nuestro planeta madre se derrumba, aventurándonos fue que nos esparcimos por los continentes, resolviendo obstáculos, creando artilugios, poniendo por delante nuestra identidad como especie que lucha.
Espero que te haya gustado el desarrollo del tema, siempre quedarán puntos sin atender, pero eso me da la posibilidad de desarrollarlos con más tiempo.
Fuentes:
Space X: https://www.spacex.com/mars



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